17 Dic
diario | poemas de otros
Pasaje del año
El último día del año
no es el último día del tiempo.
Otros días vendrán
y nuevos muslos y vientres te comunicarán el calor de la vida.
Besarás bocas, rasgarás papeles,
harás viajes y tantas celebraciones
de aniversario, graduación, promoción, gloria,
dulce muerte con sinfonía y coral,
que el tiempo quedará repleto y no oirás el clamor,
los irreparables aullidos
del lobo, en la soledad.
El último día del tiempo
no es el último día de todo.
Queda siempre una franja de vida
donde se sientan dos hombres.
Un hombre y su contrario,
una mujer y su pie,
un cuerpo y su memoria,
un ojo y su brillo,
una voz y su eco,
y quien sabe si hasta Dios…
Recibe con simplicidad este presente del acaso.
Mereciste vivir un año más.
Desearías vivir siempre y agotar la borra de los siglos.
Tu padre murió, tu abuelo también.
En ti mismo mucha cosa ya expiró, otras acechan la muerte,
pero estás vivo. Una vez más estás vivo.
Y con la copa en la mano
esperas amanecer.
El recurso de embriagarse.
El recurso de la danza y del grito,
el recurso de la pelota de colores,
el recurso de Kant y de la poesía,
todos ellos… y ninguno resuelve nada.
Surge la mañana de un nuevo año.
Las cosas están limpias, ordenadas.
El cuerpo gastado se renueva en espuma.
Todos los sentidos alerta funcionan.
La boca está comiendo vida.
La boca está atascada de vida.
La vida escurre de la boca,
mancha las manos, la vereda.
La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia.
Carlos Drummond de Andrade
(Versión de Rodolfo Alonso)
10 Dic
diario
La tentación de lo real
No me enfadé jamás con las manzanas
porque fueran manzanas,
ni con las hojas porque fueran hojas,
ni con la sombra porque fuera sombra,
ni con los pájaros
porque fueran pájaros.
Pero manzanas, hojas, sombras, pájaros
se enfadaron de pronto conmigo.
Heme conducido ante el tribunal de las hojas,
ante el tribunal de las sombras, de las manzanas,
de los pájaros.
Tribunales redondos, tribunales aéreos
tribunales tenues, refrescantes.
Heme condenado por el no saber,
por el tedio, por la intranquilidad,
por la inmovilidad.
Sentencias redactadas en el idioma de las pepitas.
Actas de acusación selladas
con vísceras de pájaro,
refrescantes penitencias grises decididas para mí.
Estoy de pie, con la cabeza descubierta,
trato de descifrar lo que se merece
mi ignorancia…
y no puedo, no puedo descifrar nada,
y este estado de espíritu, él mismo
se enfada conmigo
y me condena, indescifrable,
a una perpetua espera,
a una concentración de los significados en sí mismos,
hasta que adopte la forma de las manzanas, de las hojas,
de las sombras,
de los pájaros.
Nichita Stanescu
9 Dic
poemas de otros
El violador
Soy el hombre agachado detrás de un arbusto
que se sienta a su escritorio.
Jamás me prenderán.
Todas mis víctimas
tienen una manera de desaparecer.
No importa que sexo tengas,
serás el próximo.
Te sentarás junto a mí
en un concierto en el bosque.
Si te mirara en el subte,
no desviarías los ojos.
Soy pequeño, engañoso,
como este poema
que ya está dentro de ti.
Stephen Dunn (1939. EE.UU.)




