Saber no ocupa lugar

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Una imagen también puede valer por una duda. ¿Podrá existir algo así? ¿Y por qué no? Hay manos nuestras que pertenecen al tesoro nacional. Las de Argerich (Marta) o de Manu (Ginóbili) Y también pies: los de Bocca (Julio) o de Boca (Riquelme) Por dar algunos. Y llama la atención que la terminación de manos y pies pase inadvertida siendo que aumenta su misterio. Es un pifie de la prensa dedicar más centimetraje a “gran hermano�? que a las uñas, cuando el dedo gordo del pie (y su uña) tiene enciclopedias en la China. Para ellos, en ese “gran dedo�? se esconde (jibarizada) nada menos que la cabeza humana. Y la uña es capítulo de igual atracción. Ya metido en esta búsqueda de valores (solo en apariencia pedestres), uno terminará aceptando que aun ninguneada y cuerpo raro que es, la uña es una pieza maestra. O en las manos (que parecen hablar) O prisionera en el fondo del zapato del hombre, o pintada y gloriosa en la proa de una sandalia de mujer, la uña es. ¿Qué ya no le quedan dudas? Pues entonces tampoco las tenga de esta foto. Me saltó a la cara no bien doblé el 2.500 de Rivadavia y me largué por Alberti.

Sí. Esta Universidad existe. Laica, libre, popular, de ambos sexos, privada, pública, global, sin límites. Ella no discrimina pues su servicio es universal. Lo recibirá como usted la desee. Y en ella se aprende, se cura, se vende, se compra. A su dueño nada de lo humano cosmético le es extraño. Por eso atiende por igual a la bailarina de vientre preferida de Menem, a una patinadora de hielo o a una monja de clausura (con permiso). Por un problema, o mejor, por una solución uñeril. Con arte, esmero y de modo puntual aquí se las esculpe, fortalece, pinta, embellece, lustra y da esplendor. Casi como la Academia.

Ahora, si usted se inclina por dudar de la autenticidad de este centro universitario argentino, dará motivo a pensar que su confianza en el país entró en tobogán. Por falta de datos, por hacer caso excesivo a quienes critican el estado de los establecimientos educativos o por tomar al pie de la letra los números antipáticos con los que la Unesco nos sitúa en su estadística. Bien que se le escapa a sus auditores el aspecto original de nuestra educación mayor. En ella habrá huelgas, corrupción, falta de diálogo, pero también genio a carradas. Esta sola foto basta para rebatir tales campañas. Pueden decir de nosotros lo que quieran, y hasta seguir insistiendo que solo somos el país del bife, de Messi, del tango o la soja, y no mencionar que también somos el país de la Educación. Pero… ¿Pueden acaso escandinavos, alemanes o franceses presentar una prueba de vanguardia como ésta? Sucede que por inercia imperial o por lo que fuera se persiste en privilegiar y divulgar becas o masters obtenidos en Eton, en Cambridge, en Austin. ¿Pero un máster de Uña? ¿Y en Buenos Aires? Los comentarios sobran.

Por lo que averigué, la Universidad de la Uña es única en el mundo. Ella rescata (y tal vez sin proponérselo da aviso) que esos animalitos córneos que en número de 20 viven en nuestras manos y pies, son uñas y también símbolos. Vaya misterio el que transportan: ser (nada menos) la frontera entre la vida y la muerte. Un compilado de células muertas (por eso no duelen al ser cortadas) que dan ilusión de estar vivas. Con milagrito plus: seguir creciendo cuando el cuerpo ya es un cadáver hecho y deshecho. Condición que lleva a extrañar porque no se la incluye en los programas de Filosofía o en los tratados de metafísica. La poesía, en cambio, bien que la canta. El lírico Daniel Calmels, así:�?Nunca podremos descansar:/las barbas y las uñas nos engañan/Las que tanto han muerto sin dolor/siguen creciendo�? Y Borges, que se codeaba con el infinito, tampoco las olvidó. En “Las uñas�?, apunta: “Rehusan el universo y el éxtasis para seguir elaborando sin fin unas vanas puntas, que cercenan y vuelven a cercenar los bruscos tijerazos de Solingen.�? En fin, que no hay excusa. Hay que estudiar. ¿Doctor o licienciado? Tanto no se.

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