Todos quieren al paseador
El cartaginés Aníbal cruzó los Alpes en elefante. Teseo afrontó al Minotauro. Ahab se batió con la ballena blanca. Y sí, son pruebas de arrojo fabulosas. Pero yo querría verlos a los tres cruzando la 9 de julio a las 6 de la tarde con 11 perros a la rienda y cargando 180 kilos de peso carnal. Este héroe existe. Es paseador cotidiano de perros y pese a la tendencia minimalista del último cine hasta ahora ningún director advirtió lo que el personaje podría darle al celuloide. Todo por nacer en la Argentina, país que destaca por contar con la mayor cantidad de antihéroes ninguneados del mundo. No es frase alarmista. Basta ver cada mañana como millones de hembras y varones desarmados, afronta (a puro corazón y sin nadie que los proteja) pruebas que más parecen ejercicios para una guerra. Espinosa realidad que les disuelve el entusiasmo y la voluntad que pudieron haber traído del sueño. Cada día son menos los que tras atravesar el fragoroso berenjenal urbano, pueden tenderse laxos a recordar la maravilla que la jornada les dejó.
Y que le toque esa mínima maravilla cotidiana es lo que sueña José Luis García. Sueña y no afloja, trabaja para ella, pero los dioses se retrasan y no reparan todavía en su abultada estampa y en su cara de boy scout en donde la sonrisa es una marca de fábrica que lo distingue de lejos. La mayoría de los paseadores de perros son ágiles y delgados, pero un rictus de fracaso les desgarra la cara. No quieren ser lo que son. La desocupación y la complejidad del mundo urbano los empujó a tomar las riendas y a salir a recorrer el paisaje más adecuado para esos turistas de cuatro patas que deben atender. Y cumplida la ceremonia del popó y el pipí en el parque, cierran el recorrido regresándolos a sus dueños, intactos y festivos como se muestran los chicos al volver del colegio.
José nació en el pueblo santafecino de Flor de Oro, a metros (y a meses) de un vecino de distinta suerte: Gabriel Batistuta. José perdió a su madre temprano (a los 10) y desde entonces, por pena, comió y comió hasta alcanzar los 180 kilos que tiene hoy (a los 42) La desdicha de huérfano que no pudo superar lo alejó del estudio y de trabajos de mejor renta. Se convirtió en cuidador de animales trabajo que desgrana en escueto curriculum. De vacas (de los 10 a los 17). De chanchos (de los 18 a los 21). De perros (de los 35 a los 42). Casi como dando prueba de su experiencia comenta que la vaca es pacífica y deja tranquilo a su cuidador “pues hace siempre lo mismo: mira y come”?. Que el cerdo “es hinchón, hay que estarle encima, en cualquier momento hace un desastre”?. Y que el perro es agradecido y cariñoso.
–Todos quieren al paseador. Son más humanos que la gente. La gente me maltrata bastante. Exigen que vaya por la calle. Me gritan “Gordo-de-mierda-largá-los-flanes”?. Yo me muero de vergüenza. Es que para colmo ningún paseante es gordo. Ese es mi drama. Me acuesto con angustia porque el corazón se me sale de la boca del latir fuerte que tengo.
Jose Luis García camina y camina pero no baja de peso. Llego a tener 190 kilos. Hizo dieta pero necesita otras ayudas (gimnasia, natación) Se presentó a tres castings de “Cuestión de peso”? y no tuvo suerte. Ahora sueña con llegar a Cormillot. “Quiero demostrarle que soy capaz de rebajar 100 kilos”?. José tiene tarjeta comercial en la que el dibujo de cinco perros felices acompañan esta apelación “José Luis. Paseador de perros. Experiencia. Servicio. Confianza. Baños Guardería y TE 4311 5789. Y este texto:“Oh Señor. Haz que mi amo sea fiel a mis semejantes. Que sea sincero, como yo, y no hipócrita. Dale un rostro alegre como el agitarse de mi cola. Nútrelo de una paciencia igual a la mía. Consérvale el corazón siempre joven y que sea un buen hombre, de la misma manera que yo fui con él”?.


