El ojo de la mosca
De ser de su interés, a esta imagen una mosca la “leería de un tirón. No necesitaría detenerse en cada título. Switchearía, reconocería y guardaría lo que a la cultura del mosquerío le importase. Si no se ven moscas comprando revistas o leyéndolas “de ojitos”?(sic), es porque están en otra cosa. Mejor o peor, no se sabe (hasta que no lleguemos a conocer más biología esta respuesta quedará en suspenso) Lo cierto es que no dedican su fantástico sistema visual (muy superior al nuestro) a informarse de lo que está pasando en el mundo. Nosotros, sí. Despierte uno y tome el diario. Desayune y encienda la radio. Salga a la calle y mire. Donde esté, irá uno a buscar una noticia y habrá una noticia queriendo comunicar con uno. La ansiedad por saber que sucede en lo cerca y en lo lejos es tanta y la red de información tan profusa que al fin de la jornada la conciencia queda convertida en un rallador. No hay aparato humano capaz de aguantar tal cúmulo de datos y salir indemne. O nos zambullimos a meditar nuestros 20 minutos budistas o el estupor nos aplasta. Pasa que desde que somos globales nos están criando como a pollos posmos: corriendo más ligero de lo que dan las piernas y alimentados por más noticias de las que el buche del cerebro y el corazón pueden recibir.
De no ser mosca y sí un campesino alemán de finales del siglo 17, el verse enfrentado de modo súbito a esta imagen de portadas de revistas del mundo, le ocasionaría un delirio y correría a la taberna para borrarlo de un trago. Es natural. En su tiempo, cada biografía concluía “conociendo”? no más de 30 noticias “internacionales”? (la revolución francesa, la peste negra, la inundación de Rhin, dos o tres hambrunas,etc.). Hoy cualquiera va a la cama con no menos de 3.500 datos recibidos desde la mañana a la noche. Amasijo de información local y mundial. Desde que al sultán de Brunei se le partió el palo de polo, a que Bush tosió 355 veces, a que Pitt y Jolie se requieren y otras mil naderías más. Nunca más divulgado el mundo como lo está hoy. Pero a su vez, nunca tanta información vana como la que abunda hoy en los medios. Tanto, que en la bolsa atónita del inconsciente colectivo parece haber sonado una alarma. Y así como ante el fracaso de cierta educación se invita a desaprender y empezar de nuevo, también hay voces que avisan del peligro de seguir expuestos a esta “explosión de noticias”? y de la necesidad de retornar a las fuentes clásicas de la comunicación.
No hay que ser un experto para advertir que cada día nos llegan noticias de más. Uno las soslaya leyéndolas de apuro. Confía en la vista y las pierde de vista. Pero están. En estos truchos días de plástico que trajo la posmodernidad viene bien la práctica de vigilar cada “témpano” informativo que “flote” así. Ser lector en ejercicio preserva la tranquilidad, mantiene distancia higiénica de lo banal y evita ser atosigado por cataratas de información vieja, irrelevante, ajena, muerta. Hacerlo lo mejora a uno, al periódico que lea y a la misma sociedad. Son los lectores quienes deben mantener despiertos a los periodistas. Esto es, listos para servir el plato de lo cierto y asombroso que haya sucedido. Este ejercicio cotidiano mejora el ánimo y lleva a ser “un gran lector”?, que nos es poco. Y si se suman otros, puede que en una generación, el país alcance a tener una opinión publica “como la gente”. Que está sí que es noticia.




El 2 Oct a las 3:51 pm
Es que a mí me parece que la globalización de la noticia, a estas alturas, no es tan esférica como para que la humanidad baile un vals en redondo y cadente y esparcido sino que es una pelota de béisbol con un cenit y un nadir muy aguzados.
Donde nos corramos del medio (de pronto los bolú no son tan bolú y ahí se quedan -centreando- por simple preservación de su especie inequívoca, especie Gran Hermano-) somos chupados por dos grandes embudos y desde ellos (según cuál nos absorba), o nos postulan para la beligerancia -hincamos el diente en la carne del infortunio y nos atragantamos de tribulación- o nos caemos del mundo a instancias de la ilusión fallida porque un día después dejó de ser noticia lo que nos incumbía tanto.
Así está ideada la información en este “globo�? terráqueo que ha ensanchado su cintura pero en desproporcionada proporción: microcéfalo y con cola de sirena de donde no nacen hijos.
Pareciera decir: ¡Ven que te doy mi medicina! en represalia al achaque de pretender elegir dónde instalarse y no optar por el apretujamiento obsecuente en el mismo ecuador de ese vientre insuflado.
¿Las moscas?
Salieron disparadas cuando un humano de centro agarró la revista “Para Ti�?.
Y eso, por no ensuciarla.