En Birmania, todo igual

Estos días el régimen de Myanmar (ex Birmania) volvió a ocupar las portadas del mundo por lo que son sus signos básicos de identidad: barbarie, muerte, administración demencial. Esta vez, la persecución, encierro y asesinato de centenares de monjes budistas y opositores, hizo que el mundo se conmoviera “unos minutos”,que no más tiempo real de la “humanidad” ocupan estas tragedias culturales. Por eso se suceden con igual grado de crueldad. No motivan ni activan a la ONU, al Grupo de los 8 o al Tribunal de La Haya. Siempre habrá un motivo “tapón”: Myanmar vende su petróleo a China y ésta “la defiende”. Siempre un óbice, un articulado, una hipocresía que impide o retrasa la defensa de tanta inocencia mundial arrasada. La impunidad de los asesinos birmanos se mantiene invicta. El año pasado fue el caso de “las niñas jirafa”, y motivó la nota que escribí, con los comentarios que también adjunto. Entonces era el 2006. Ahora estamos en 2007. La muerte continúa.

Así miran las niñas “jirafa”

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Para aguantar la historia que contiene esta imagen hay que enfriarse hasta el hielo. Esta foto es lo que es. Pero no. Mienten los collarines. Los colores. La escena. La verdad está velada. Las dos muchachas no se han vestido así para modelar, ir a un cumpleaños o salir de viaje. En Birmania, estas niñas de la etnia karen, a las que denominan jirafas por cómo estiran año a año su cuello, se alistan aquí para el ojo del halcón que las espera. Para morir, unos minutos después, en el mismo acto de iniciación al que acuden por primera y última vez. No son gacelas. Son mujeres. Pero caerán con la yugular cortada por el zarpazo del soldado que primero las elija, luego las viole y por fin, cerrando el capítulo, las mate para quedar libre y elegir la siguiente presa. Esto sucede, con la naturalidad de quien bebe un vaso de agua, y de a cientos de casos por día en la mismísima tierra que nos gira y bajo el cielo que nos mira. No en tiempos de Calígula o de Atila. Esto sucede “en este momento”. No, no por nuestra culpa. Pero sí por nuestra época. Si no algo, al menos alguito tiene que ver con nosotros. Si se suspende un instante la sensibilidad de cartón a la que obliga la suma de barbaries que sufre nuestra perplejidad, sentirá (aunque en suave dosis) la culpa que como especie le toca. La belleza documental de National Geographic nos neutralizó los ojos a la hora de igualar los destinos del guepardo y la cebra. De a poco, esa mirada blanca se ajenizó hasta hacernos sentir distantes los destinos de un hutu con machete y una tutsi decapitada. Llueven a diario un millón de noticias sobre el mundo. Es que no hay modo de contener tanto meteorito. Sobre lo que nos pasa ya casi no nos “pasa” nada. Para sobrevivir portamos un colchón interior que sostiene el impacto de lo que leemos, oímos y vemos cada día. La humanidad, si existe, está entera bajo una variante del síndrome de Estocolmo. La locura de Macbeth atrae. Una defensiva piel de elefante nos crece de a pulgada por día para preservar nuestro destino pulgarcito en el metro cuadrado que habitamos. ¿Son crueldades que suceden en otro espacio? No es argumento: ocurre en nuestro mismo tiempo. Y ése es el dilema. ¿Qué hacer? ¿Redactar un breve renglón de Pilatos debajo de esta foto o denunciarla? Las dos niñas karen que nos miran acaban de ataviarse para acudir en un instante, junto con 50 o 100 más, a un salón donde la soldadesca las verá desfilar, elegirá, violará (a granel) y degollará, fusilará hasta echarlas (juntas) en una pira. Acto desde hace años normal en la zona. Esto, a la misma hora en que aquí miramos un pájaro o regalamos unas fresias. Todos actos con-tem-po-rá-neos a los de estas muchachas que esperan (con el susto de una corza) en el corredor de la muerte. Sus abuelos africanos sufrieron la esclavitud en el algodón o las minas. Ellas la prostitución extrema. Les pagan el servicio forzado con un culatazo en la nuca o un balazo en el pecho.

Mundo chapita. Perro mundo. Dedica 2006 a elegir, ensalzar y endiosar a los mil varones jóvenes que irán a correr detrás de una pelota en Alemania. Y apenas si habla de las decenas de miles de muchachas que se visten para la foto del cadalso. El guepardo tiene mejor prensa. Las gacelas no. La ONU vegeta. El Grupo de los 8 es miope. No es una película. Sucede en la Tierra. Pero decirlo así es demasiado geográfico. Es lavarse las manos. ¿Sucede en el mundo?. No alcanza. ¿Sucede en la humanidad?. Bueno, al menos en la cáscara del sonido de la palabra humanidad. Porque aún no la habita nadie. Está hueca.

Martes 7 de febrero de 2006

Esteban Peicovich

epeicovich@fibertel.com.ar

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/778570

Fuentes:

El Mundo Solidaridate Crisis Watch Amnesty

2 comentarios a “En Birmania, todo igual”

  1. Guillermo dijo:

    Me dejo helado Peicovich. A veces hace mal que a uno le abran los ojos tan de golpe!

  2. ISIDORO MEDINA BRASSESCO dijo:

    me place, enviarle mis augurios, esta modesta fm-unipersonal (LA PRIMERA INDUSTRIA DE LA COMUNICACION SONORA EDUCATVA) se congratula y celebra nutrirse de sus invalorables aportes. UD. fue Bienvenido al “Teatro de la MENTE” transmitimos desde la Soc. Italiana de NOGOYA, 130 años de vida y 74 de su sala teatro
    “Manuel Belgrano” unico teatro lirico original, capacidad 700 personas. Lo mejor para Ud.
    isidoro&Mariana

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