Cuatro caballos perplejos
Día a día, cambiando células por chip (y boca por teclado) nos distanciamos de aquel primer reino animal del que fugamos por curiosos. Tas miles de años, pocos de nuestros ex congéneres toleran nuestra presencia. La comparte el perro pues de tanto manosear sus genes le desgajaron la identidad. De su origen cánido pasó a ser un objeto de cuatro patas. Un mutante enjaulado en frase que lo obliga a trabajar como amigo del hombre. Con el gato no pueden. Con el gato no se juega. Y con el caballo pasa que parece tener conciencia de lo mucho que el hombre desbarró y desbarra. Tanto que lo acompañó por los caminos de la historia y tanto lo que debió soportar de quien lo domó y lo tomó en cautiverio.
Perdido está el día en que salido del bosque en busca de pasturas el caballo se disparó ante el predador y no embistió como sí lo hizo su primo hermano el búfalo. Esta elección de su instinto le fue estirando el cuerpo hasta convertirlo en una forma musical. También agilizó su vista y audición. El menor malestar hará que alce enseguida su tren delantero y con el periscopio del pescuezo “peine” su alrededor. Y se calmará o cambiará de lugar, según. Buenas orejas y ojos a los costados le permiten amplia visión. Digamos que habría podido ser un buen fotógrafo si el arquitecto del génesis lo hubiese previsto. No lo contempló.
Pero él sí lo hace. Y la imagen lo muestra. Podrá (como tal percherón, criollo, pony o de salto) ser funcional al hombre en las horas que éste lo exija. Pero hasta allí no más. No bien se siente desasido, libre del corset de montar o de las varas del carro, retornará de inmediato a su caballo interior, a su eqqus. Su mirada es atenta y seria, no tierna como la de la vaca. El caballo pareciera estar en desacuerdo con el hombre. A mi se me da que los caballos nos tienen junados. Y que hace rato que han dejado de creer en nosotros. Dicho esto en sentido genérico. En lo individual suelen formar pareja majestuosa y única con el hombre. Sea éste peón, general o jockey.
Esta fotografía tomada durante la Vuelta de Austria nos empuja, es inevitable, a situarnos en el ojo del caballo. Como se sabe, el caballo es animal muy inteligente. Y la imagen está atravesada por la distorsión. Un efecto cómico preside la escena. Lo que se ve no cierra. Los que vienen doblando el codo, y en pelotón, son hombres. A la vera, y es postura de interés hay cuatro espectadores no comunes. Sin que afecte como estén posicionados (su mirada lateral les permite captar la entera situación) los caballos se ven sorprendidos, por el animal que los dominó. El hombre es un aparato de sorprender, en tanto el caballo es lo que es: una pieza natural perfecta. De no andar mudando hábitos ni afectos. Es probable (quien pudiera negarlo) que intuyan en la forma del ciclista un reflejo del jinete. Y en la forma de la bicicleta, algo que los remite a si mismos. ¿Les atrae porque alcanzan a divisar una distorsión de sus propias siluetas cuando van en tropel? ¿Los suponen finos potrillos de metal y de remos circulares que galopan en redondo y en silencio? Suele decirse “hombre y caballo eran uno”. Ciclista y máquina hacen también aquí un cuerpo único de aluminio y carne. La fantasía llega a remover la inquietud por saber de esa necesidad (o deseo) que tuvo el hombre de plasmar un centauro en su cabeza y en sus mitos.
Esta es la foto de una cita que se las trae. La tomó Steffen Kugler, de la agencia DPA. Vio a unos y a otros. Reparó en el dislate visual. Y los juntó. Al surrealista efecto de turf que mantiene estupefactos a los cuatro equinos se suma el número en el espaldar que portan los competidores (no diferente al que adosan a los pingos de carrera) Todo es confuso y claro. Un contrapunto alegre. Tres segundos y el pelotón desaparece. “Ya no saben de qué manera correr”. Ese fue el único comentario. En idioma equino, claro.


El 18 Dec a las 2:09 pm
El caballo para mi es el Unicornio que no fue. Ese animal misterioso que en la mitología clásica, es sobrenatural, en ocasiones feroz, a menudo de buen presagio pero jamás domesticado.
El 18 Dec a las 1:19 am
Qué oportuno el fotógrafo en su exposición y Ud. qué oportuno en su composición! FELICITACIONES