Hay amores que asustan
No es mal pensar concluir que a este fotógrafo de Efe le faltó piedad de foco. Puede que hasta sea creyente devoto. Pero por lo que vemos no consiguió plasmar su sentimiento. El llamativo primer plano confunde el sentido de un acto poco común. La imagen (aún confusa) documenta el bautismo de un perro por parte de un sacerdote español, en el día de San Antón, considerado allá patrono de los animales. En las postales que recuerdan a Francisco de Asís el gesto de su mano posada sobre la cabeza del león o del lobo era clara prueba de ternura y amor por ellos. Aquí, en cambio, la tecnología extrema distorsiona la actitud del obispo y hasta del mismo perro el que es evidente que se muestra asustado ante el movimiento que realiza el religioso al asperjarlo. Si bien, como vemos, el zoom jugó una mala pasada, la ceremonia resulta indicativa de un cambio fundamental. Poco a poco el primate auto considerado animal superior del planeta, revisa una ignorancia fatal: desconocer a la que por mandato de la naturaleza es su hermandad zoológica. Su mal entendida cultura se desarrolló de modo infeliz. Tanto, que depreda una forma de vida de mayor soberanía, como es la botánica, que hace posible su existencia.
La curiosa faceta que presenta esta fotografía no empaña en nada el acto que la motiva. Por el contrario, subrraya una inquietud que ojalá se generalice en el mundo entero. En primer lugar, y vaya paradoja, en la mismísima España, en donde desde antiguo tienen lugar cada año (y para mayor incongruencia en festividades de santos menos piadosos que San Antón) actos públicos en los que se celebra la tortura y matanza de distintos animales. Desde terneros acuchillados en plazas o cabritos que son lanzados desde lo alto del campanario de la iglesia (sic) del pueblo. Actos éstos que también cada año las mejores plumas del país se encargan de criticar sin mucho éxito. La misma ¿fiesta? mayor de España (que hoy presume de ser uno de los países más avanzados de la tierra) no es más que una despiadada carnicería no muy diversa de la que se practicaba en los coliseos romanos como prólogo a la espectacular degollina humana de fondo.
Como consuelo nos queda mirar por encima del presente y esperar que en el variado relato de mutaciones de la especie, se abra un día una integración de todos los protagonistas de la vida del planeta, imposible todavía por la presión de siglos de cultura en contrario. No es fábula ni ficción. Antropólogos de vanguardia ven como salida posible que en un futuro no próximo la humanidad se integre de modo natural a la animalia a la que según la ciencia pertenece junto al resto de las bestias y plantas de la tierra. En ese caso el poverello de Asis alcanzaría una jerarquía de santo todavía mayor, pues entonces lo sería de una “civilización” mundial no diferenciada en la cual las florestas se convertirían en el hábitat glorioso de todos. Lo cual invita a sublimar el porvenir e imaginarlo no como un infierno recargado de rascacielos y autopistas, sino como las imágenes que en los libros de religión ilustraban los primeros momentos de “la Creación”. Muy distintas de las estampas de las selvas urbanas de nuestros días en las que se enjaula (al costo de una creciente ferocidad) a “humanos” degradados en una medida mayor que la que el discutible adjetivo “bestial” significa.
En la multiforme sociedad selvática sucede la crueldad, pero la desconocen. Elefante, ardilla, león, lagarto, circulan por una rueda que no pueden modificar. Nosotros, que sí, tomamos la animalidad con humor, cuando lo que hacemos es ocultar en ellos nuestra hipócrita humanidad. El hacerse el oso, quedarse mosca, correr la liebre, hacer la del avestruz, actuar como un gusano, andar pato, cambiar como el camaleón, son tules de engaño. ¿Puede alguien imaginar el repertorio que tendrían los animales de poder escribir un refranero basado en nuestros arquetipos?


El 22 Jan a las 12:22 pm
En referencia a los “cabritos que son lanzados desde lo alto del campanario de la iglesia”, el Ayuntamiento de Manganeses de la Polvorosa (Zamora), el pueblo en el que se llevaba a cabo esta tradición, prohibió su celebración hace ya ocho años.
No somos de los países más avanzados de la tierra aunque tratamos de mejorar un poco cada día.
Un cordial saludo,
Marisol Caride
El 22 Jan a las 5:01 pm
Lo habrán prohibido en Manganeses pero sacrificos de tal sevicia se siguen haciendo en decenas (sic) de pueblos de España con animales diversos. Así consta en denuncias de “El País”. En cuanto a que tratan “de mejorar un poco cada día” lo siento propósito de enmienda de velocidad medieval.
¿No es así Marisol?
Gracias por tu mensaje.
Cordial abrazo
Esteban
El 22 Jan a las 9:20 pm
Estimado colega:
Me dirijo a usted a fin de hacerle llegar algunos comentarios sobre un escrito firmado por usted, publicado en el diario La Nación, titulado, “Hay amores que asustan”, en la que se refiere a una fotografía de un perro que está siendo bendecido y supuestamente está asustado. Soy afortunada dueña de un ejemplar de esa raza, llamada Pug, o Carlino. Se trata de un perro de magnífico temperamento, a pesar de su cara de “algo alterado”. Sus ojos saltones y mirada preocupada hacen que, muchos que no lo conocen, lo tilden de temeroso o angustiado. Hace algunos días, en el portal de videos “youtube”, encontré un video titulado “perro feo” y no era mas que un tierno pug jadeando, porque sufren mucho el calor.
Sé que la raza no está muy difundida, y como trabajadora de la comunicación, no quise dejar pasar la oportunidad de ponerlo al tanto a usted, como hombre de la comunicación que es, el mensaje de que se trata de un perro de caracter hiper estable y un animal de compañía maravilloso que adora que un ser humano lo trate, acaricie y se contacte, a pesar de esa carita asustada y que, me ha pasado con el mio, en la calle me pregunten “¿Muerde?”
Es uno de esos seres a los que les queda bien el cliché “Las apariencias engañan”, lo afirmo con conocimiento de causa.
Sin otro particular y esperando sepa apreciar el intercambio de ideas. Agradezco y comparto que seamos muchos los deseosos de comunicar,
María.
El 22 Jan a las 1:21 am
Colega María.
Comprendo la defensa sin fisuras que hace de la apariencia de los Pug pero aquí no se trata del suyo particular y amado sino de otro. El que ve como revolea sobre su cabeza el instrumento religioso para otorgarle la bendición. Es difícil aceptar que el Pug de la foto sepa que cosa es un asperjador. Mucho más probable es que lo viva como la amenaza de un palo que se le viene encima. Para mayor turbación del artefacto salta agua a su cara. Que por su raza l da idea de “algo alterado” no aclara la situación sino que la complica pues la duplica:se asusta como individuo perro y se asusta can de la tribu Pug. ¿Sí? Van mis saludos. Esteban.
El 22 Jan a las 4:55 pm
creo que por más esfuerzo que hagamos, al llegar a esa utopía que describe, volveríamos irremediablemente a el estado actual de hombres encerrados y animales maltratados.
La defensa del perro me parece muy graciosa, o innecesaria en ralidad.
Además al ppio del texto se habla del zoom del fotógrafo y de sus posibles intenciones, sin contar que la foto es sólo un pie para otras reflexiones.
También es gracioso que usando la autoproclamada superiodidad humana, ahora también eclesiástica, se intente “proteger” al animal del mal (si es que ese es el fin del bautismo). A donde vamos? parece que para atrás, que es para adelante (que es para atrás).
Gracias Peicovich por elevar un poco el foco y mostrarnos desde afuera, y concienzudamente nuestras actitudes.