Crónica de una fotografía

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Esta foto me cayó del cielo en 1981 y desde entonces flota (y me cuida) alzada sobre la cabecera de mi cama. Sobran motivos. Su milagro se me reveló una tarde de julio de ese año, cuando una maestra jardinera (Diana Spencer) y un polista (Carlos Windsor) armaban su casorio. Caía garúa fina (un “chirimiri”) y yo olisqueaba por aquí, por allá, portando Nikkon y rollo 400 asas. No se porqué. Pero es la única foto que podría llamar “de autor” entre las más de mil y una comunes que tomé en mis tiempos de corresponsal. Pero sinceremos ese honor. Confieso: yo no hice nada. Sucedió que el azar quiso esa tarde darme una mano y que yo se la tomé. Todavía recuerdo que me llevó de la nariz hasta un sitio y en el oído me dijo esperá. No me engañó. Ese día pude ver como la belleza me guiñaba un ojo.

Vayamos a los hechos y a los datos.Fue así: estaba allí cubriendo la magna boda junto a Silvina Lanús y Ana Barón Supervielle. Nos enviaron 15 días antes y sobraba tiempo para el éxtasis. Sacar fotos, por ejemplo. Esa noche un gentío de 2 millones iba hacia Hyde Park pues mil fuegos de artificio sostenidos por Haendel rasgarían el cielo en honor de los novios. Faltaban tres días para el Día. Y así, al garete, fue que me detuve ante los escaparates de la tienda “Liberty”. Como otros comercios, ellos ultimaban su homenaje alusivo en las 7 vidrieiras de la firma. Y habían optado por reunir retratos de varones de alcurnia junto a manequins tocados con ropa top de la casa. Ese espacio encapsulado me atrapó. Vidrieristas descalzas hacían de celestinas de antiguos varones pintados y modernas ninfas desnudas. Si uno se desprendía del mensaje publicitario podía darse con la poesía (que siempre está del otro lado de las cosas). Intuí algún bello escándalo a espaldas del tiempo. Allí debería suceder algo sobrenatural. Y aguardé con el corazón agazapado y el jadeo contenido del cazador.

Tardó 20 minutos. En el 21 la empleada reposó sobre el hombro (pintado) de un noble del siglo 18 a un mannequin desnudo cuya cabeza tocó con peluca pelirroja. Al hacerlo (sin advertirlo) dejó formalizada una pareja imposible. Fugaces, breves amantes cruzados de siglos, reunidos durante solo tres segundos para recordar que la belleza nunca duerme. Intuí lo fantástico reinante, y gatillé. Cuando bajé mi cámara alcancé a ver cómo se desvanecía tamaña visión. ¿Un desliz de la imaginación? ¿Y qué? Poco me servía intentar razonarlo. Ya no había pruebas: las había devorado la fugacidad. Duró lo que el parpadeo de un segundo en la eternidad del mundo. El tiempo de un soplo: el que necesitó la vidrierista para situar al dúo, evaluar el conjunto, desarmar la composición y optar por otra. (De ser ella no lo hubiese hecho. Pero me alegré que no reparara en tan mágica visión. Y rogué (por dentro y por fuea) que esa hipnótica visita de la gracia descansara segura ( y mía) en mi cámara. Solo en ella.

Durante días pensé más en ese fotograma que en la boda. Como avaro guardé el rollo para revelarlo en Madrid. Cuando me lo entregaron dupliqué la emoción: no sólo había capturado a la dispar pareja sino que ( salvo un reflejo del cristal) la foto permitía la máxima ampliación. La pedí de 1.10 por 80, la enmarqué y como trofeo estético, lleva años cuidando mis sueños y sorprendiendo a mis amigos. Al desconocer su origen, cada uno interpreta a su manera al arcaico noble y se deslumbra por la blanca belleza de la muchacha. También les intriga esa mano de ella (que por la posición que adoptan da la sensación de ser de él) Ambos ocupan el espacio, no el tiempo. El, acartonado, artificial. Ella, elegante, sugestiva, mórbida. Es el amor del agua y el aceite. Un romance de absurdo que nos une. ¿O acaso no somos tres?

 

7 comentarios a “Crónica de una fotografía”

  1. Mariana Bianchini - Redactora Publicitaria dijo:

    Hace un rato sonó mi teléfono, era mi padre quien me avisaba de una fotografía que iba a despertar mi interés. Como sabe que me encanta el tema de las fotos, él supuso que tal vez ya la conocía. Pero no, fue un descubrimiento más del día. Mientras él comenzaba a describir la foto y luego a leer el texto, al unísono yo tipeaba “peicovich” y apretaba enter. De repente aparece un señor de alcurnia que atrapa mi atención. Una foto increíble acompañada de un texto que me hizo morder los labios y sentir que a veces el nudo en la garganta puede ser algo positivo. Soy una apasionada de las imágenes y valoro muchísimo tal sensibilidad expuesta y en foco para que sea compartida. Gracias Papá. Gracias Peicovich. Lo felicito. Saludos desde Córdoba.

  2. epeicovich dijo:

    Gracias a tu padre por atender tu sensibidad.
    Y a vos, por tan prometedor entusiasmo.
    Mi abrazo (2)

  3. Jane platano dijo:

    “Ellos ocupan el espacio y no el tiempo”

    Ya quisiera yo ocupar algunos espacios.

    Genial la historia, jamás esperaba este lado suyo, nunca lo hubiera imaginado.
    Hermosa historia, Ud posee un alma insondable, Palabrista, vaya que sí.

    Desmesuradamente lo abrazo.

    Juana

    Pd: me identifico con el comentario de Mariana. Ud sorprende.

  4. Susana L. dijo:

    Excelente la fotografía!!! Mil felicitaciones y gracias por compartirla. Fue un gozo estético.

  5. valeria dijo:

    Mi estimado Esteban, claro que son tres!!!
    El noble caballero, la mórbida y bella ninfa y Vos.
    Todas las noches y amaneceres Vos.

    Quizás ese día fue aquella vidrierista que les dio Vida y luego fin.

    Ese principio que vos hiciste vida, espacio y eternidad hace veintisiete años, atrapándolo con tu Nikkon y tu rollo de 400 asas, hoy plasmados en la cabecera de tu cama.
    Suplantando quizás, aquellos romances que no fueron, aquellos absurdos, tus fantasías, esa pareja imposible que no logras olvidar…
    Esa cuestión eterna que cuestiona tu vida, ¿Quien decide, quien desarma, quien compone?…
    ¿De quien es esa mano? La del destino?, fui yo?, fue ella? Existe???

    Y quizás en otras ocasiones es el tercero alguno de tus sorprendidos amigos que no te cuentan su romance….

    Hoy por la tarde, la tercera, fui yo.

    Valeria.

  6. epeicovich dijo:

    Gracias Valeria.
    En tu texto vi la foto otra vez.
    Abrazo.
    Esteban

  7. valeria dijo:

    Es un honor para mí probocar en un hombre como vos un renacer, me sentí muy feliz, Gracias.
    Vale

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