Un guepardo en Guantánamo

Eso parece. Piensa. Se alza. Da vueltas. Se echa. Mil veces y otra vez. Vueltas. Echarse. Pensar. Lo que más hace el guepardo es pensar. Y de ser así ¿por qué no estaría preguntándose qué hago yo en Guantánamo? Suena a disparate, fantasía, delirio. Pero por algo suena así. Para el ojo esta escena no resulta natural. Puede estar uno minutos observándola y parecerá virtual. Puede que porque el guepardo está “instalado” en la ciudad, pero no “vive” en ella. Nadie encuentra a esta pensativa joya zoológica echada al pie de un semáforo. O al elefante en la cola del Gran Rex. O a la jirafa con la bolsita del supermercado. Aquí (digo en el Zoo) se produce una ilusión óptica inmoral. Suponer que observamos a los animales en su salsa cuando solo se trata de ejemplares conservados en formol visual. Salidos de si.
En tiempos en que hasta derechos “humanos” para animales hay, el zoo es cada día más una antigualla insoportable. Lo mercantil utiliza de anzuelo una didáctica falseada. Los animales viven presos en un parque temático lo más parecido a un museo de cera móvil o a una juguetería activada por tecnología de Hollywood. Que a nuestro paso los pobres se muevan, emitan sonidos o nos miren no significa que su naturalidad esté vigente. En todos los casos son la sombra del animal que fueron antes de ser arrancados de su hábitat. Quien recorra el parque con ojos puros “de animal” descubrirá que “algo” ya no va entre nosotros y el zoo. Más en tiempos en que una hora de Animal Planet, sin daño alguno, los muestra en ambiente real y con información “en vivo”. ¿Vamos al zoo por inercia? De adultos olvidamos que de chicos dibujábamos más animales que personas. Puede que en la infancia fuese mayor la sospecha de que el zoológico “no es algo que esté bien”. Y la causa de que al volver a casa, o en el colegio, la mayoría los dibujábamos fuera de sus jaulas.
Y ese es el destino que uno querría para este guepardo al que condenan al más refinado suplicio que pudieran hacerle a su especie: la lentitud. Sus miles de rodeos diarios los hace aquí en espacio tan estrecho que le impide el consuelo de la más mínima velocidad. Es una flecha viva clavada en el suelo. Anatomía que para ser necesita dar los 120 kilómetros por hora que alcanza y que se ve reducida a cero para cumplir un pretendido papel educativo en los centros urbanos del hombre. Como príncipe (esto es primero) de los felinos, vegeta retraído y sin el entorno mediático que alcanza la osa polar (que está retriste) o la espantadiza jirafa Jackie (nacida aquí) que cumplió sus 8 años, anda en los 5 metros de talla y según su cuidador (Marcelo Pestaña) sigue a la espera de un macho que repare su viudez de un año. (Será por eso que al día engulle 18 kilos de pasto seco, alfalfa y soja, además de manzanas y bananas como postre. Y que su cabeza, aun tan lejana del corazón, no deje de otear, a ver si le llega el prometido de repuesto)
Hay silencio frente a la estampa gloriosa y atristada del guepardo inmóvil. La variedad de comentarios que provocan monos ,osos (“no se dice “oso blanco” se dice “oso polar”, corrige una chica de 10 años a otra menor) y los espectaculares rinocerontes, queda reducida a una ceremonia muda cuando se detienen ante el espacio exiguo del guepardo. Tanto se lo respeta que si alguno comenta algo lo hará en voz baja: “Es una Ferrari” amplifica uno que extiende la velocidad a 200 kilómetros la hora. Ajeno, el bellísimo animal, (el más “ausente” de todos los pobladores forzados del zoológico porteño) cumple con un secreto reloj que lo impulsa cada tres minutos a alzarse, dar unas vueltas en cámara lenta para luego depositar esa maravillosa y fina amalgama de músculos en el césped gastado. Sus ojos verdes no dispensan mirada alguna a los curiosos. De ser humano leería a Kafka. Está en lo suyo. En esa, su salvaje meditación buscando saber porque siendo criatura inocente fue condenado a la inmovilidad en una jaula geométrica como las diseñadas por los carceleros de Guantánamo.




El 15 Jul a las 10:10 am
Buen día Sr. Peicovich,
Quiero agradecerle tan maravilloso artículo que escrbió sobre el guepardo ayer en el diario. Haz escrito lo que siempre pensé sobre este tema pero que lamentablemente no se poner en palabras. Espero que su artículo haga que la gente reaccione con este tema. Felicitaciones.
Muchas gracias,
Gabriela Asensio