<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><!-- generator="wordpress/2.3.1" -->
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	>
<channel>
	<title>Comments on: Aquí falta la Cenicienta</title>
	<link>http://www.peicovich.com/2008/07/21/aqui-falta-la-cenicienta/</link>
	<description>"Yo, poetón viejo" Cervantes</description>
	<pubDate>Fri, 09 Jan 2009 21:05:19 +0000</pubDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.3.1</generator>
		<item>
		<title>By: Agustina</title>
		<link>http://www.peicovich.com/2008/07/21/aqui-falta-la-cenicienta/#comment-1724</link>
		<dc:creator>Agustina</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Jul 2008 01:15:44 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.peicovich.com/2008/07/21/aqui-falta-la-cenicienta/#comment-1724</guid>
		<description>(...) Pero no amo tus pies sino porque anduvieron sobre la tierra y sobre el viento y sobre el agua, hasta que me encontraron.

Neruda posó su vista ahi donde descansan en el suelo los pies, se habla de la soberbia de las manos que ante semejante desparpajo por parte del poeta, sin poder entender la indiferencia recibida, se avalanzaron sobre los pies, sosteniéndolos como si no pertenecieran al mismo cuerpo. Y así y todo Neruda reconoció los pies tibios o helados, los pies de los caminos andados, porque dicen, tenían otros colores y que daba gusto verlos venir de camino, empañando los propios pies, que caían rendidos ante ellos, tropezándose confundidos, paralizándose antes de llegar de frente, antes de rozarles con la nariz los dientes.

Cosas así. Qué bueno es leerlo siempre, Esteban.

Siempre un gusto visitarlo!</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>(&#8230;) Pero no amo tus pies sino porque anduvieron sobre la tierra y sobre el viento y sobre el agua, hasta que me encontraron.</p>
<p>Neruda posó su vista ahi donde descansan en el suelo los pies, se habla de la soberbia de las manos que ante semejante desparpajo por parte del poeta, sin poder entender la indiferencia recibida, se avalanzaron sobre los pies, sosteniéndolos como si no pertenecieran al mismo cuerpo. Y así y todo Neruda reconoció los pies tibios o helados, los pies de los caminos andados, porque dicen, tenían otros colores y que daba gusto verlos venir de camino, empañando los propios pies, que caían rendidos ante ellos, tropezándose confundidos, paralizándose antes de llegar de frente, antes de rozarles con la nariz los dientes.</p>
<p>Cosas así. Qué bueno es leerlo siempre, Esteban.</p>
<p>Siempre un gusto visitarlo!</p>
]]></content:encoded>
	</item>
</channel>
</rss>
