El oratorio de Pekin

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¿Atleta griego o gladiador romano? La historia no es más que la duda de este péndulo. Acaba la fiesta de Pekín y con ojos poblados de imágenes griegas, debemos alistarnos para el tridente, la red o la espada. Ya no se sabe desde donde nos sacudirán un golpe. Más allá de su carátula deportiva los Juegos Olímpicos fueron un acto religioso. El más profundo (y ecuménico) sucedido sobre la piel del planeta en cuatro años. Lo deportivo fue el pretexto. Y bienvenido que fue. Varones de bronce y féminas de oro, miles de homínidos de selección confluyendo de paisajes urbanos o rurales, calcinados o helados, para acampar, jugar y honrar la especie en la antiquísima ciudadela de Pekín. Para frenar al gladiador y celebrar al atleta. Licuar relojes y disputar medallas fue la espectacular tapadera de una misión secreta. Esa que pudimos apreciar en su total magnitud en el instante del traspaso de la bandera testigo. En la fusión de Pekín con Londres. Fue, otra vez, la apuesta a la esperanza en el hombre. Pese al calentamiento global y a la presión de los sponsors de los gladiadores del planeta.

Durante dos semanas el cuerpo (esa máquina humana) probó todas sus potencias. 206 huesos, desde el gran fémur al más pequeño  (el pisiforme de la muñeca), asistidos por 600 músculos afinados como violín. La carcasa individual de la especie se exigió por el milímetro o la centésima de segundo buscando doblegar las marcas de la fiesta anterior. Esa disputa fue la que más se vió y admiró. Pero tomadas solo como mero y esforzado cotejo de músculos las Olimpíadas no serían más importantes que las millones de competencias deportivas que calman el stress del mundo cada fin de semana. Cierto que dieron mucho que hablar algunos oficiantes al trasvasarse en pájaros, peces, ranas gigantes o canguros de goma en sus pruebas de fábula. Eso fue lo aparente. Brilló menos, pero sembró hondo y aumentó la reserva de esperanza, el sejntido  espiritual del encuentro. Los miles de atletas esforzándose en China y los miles de millones bregando en 200 países conformaron una red que aunó husos horarios, ideas, etnias, plegarias e intereses que por lo general se manifiestan hoscos como un puño. Fue una Olimpíada y se compitió por la excelencia física. Pero también una cita religiosa de la especie por encima de credos locales y  cerrados. Una misa mundial de 15 días con homilía planetaria. Mensaje nítido: el mundo también podría alcanzar la olímpica cordialidad que miles de jóvenes demostraban allí

De las millones de imágenes móviles o fijas que Pekín ofreció Mil Palabras eligió la que vemos. Son las manos del equipo de básketball femenino de Estados Unidos en un momento de euforia.  Es una de las fotografías que mejor represente el espíritu del que hablamos. La que en su vertical exaltación expresa mejor que los podios, las medallas y las banderas, la única victoria con la que soñamos los 6.000 millones de atletas de morondanga que vivimos batiendo récords que nadie registra ni premia.  Los que para abordar la cotidiana maratón contra reloj, solo contamos con un consejo que brilla desde hace siglos en el fondo del cofre del refranero mundial “Mientras el cuerpo aguante, voluntad no falta”. Que es menos “finolis” que el higiénico “Mente sana en cuerpo sano”. Pero retrata mejor al Sísifo diario que mientras sube la pesada piedra (sabiendo que se le caerá) fogonea con el alma la voluntad que lo impulsará a volverla subir. Estas manos también representan ese espíritu de los Juegos concluidos el domingo. Fue Píndaro (poeta tenía que ser)  quien en papiros del siglo V dejó a la posteridad las mejores odas a estas fiestas griegas del origen. Un total de 4 libros de epinicios, “crónicas” poéticas en las que loaba el valor del atleta individual y la victoria “de lo Bello y lo Bueno sobre la mediocridad”. Esto es (justo es decirlo) lo que hace para nosotros, cada 4 años  y como nadie, el entusiasta,  criterioso y pindárico Gonzalo  Bonadeo.

2 comentarios a “El oratorio de Pekin”

  1. epeicovich dijo:

    Blanca wrote:
    Maravillosa la posibilidad de expresarse. Todo lo que dice en su nota sobre las
    Olimpiadas de Pekin es lo que senti cuando observaba la finalizacion de los
    Juegos. Exactamente sin agregarle ni sacarle una coma, gracias. Pense que yo era
    muy sentimental o estaba emocionalmente distorsionada, pero veo que no estuve en
    soledad. Me uno a su coro Esteban y aplaudo como casi siempre su capacidad de
    expresion.
    Cordial saludo,
    Blanca

  2. María dijo:

    Gracias. Realmente esperanzador. Aquí, como en millones de casas de todo el mundo se los vivió también un poco de ese modo.
    Sin embargo, a mí me inquietó pensar en todo lo que apostaba detrás el gobierno de China. En todos los fantasmas que se apostaban detrás de los estadios. En los que, dicen, dormían fuera del “nido” porque los habían desalojado. Perdón, pero la verdad es que no pude evitar pensar que no son separables los Juegos de la cuestión política. En serio, pido disculpas. Felicitaciones y saludos,
    María

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