¿Me hacés una foto?

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Lo más parecido a una muñeca rusa es el acto de fotografiar el acto de fotografiar. Aquí tenemos uno.Con dos incógnitas. 1/¿Qué movió al visible fotógrafo de la túnica a tomar un primer plano del rostro que no vemos? 2/¿Qué provocó a su vez que otro fotógrafo (invisible) detuviera el paso para captar la imagen? Lo primero a pensar es que se trata de una soberana nadería que no importa más que a los seres involucrados. Pero sucede que son más que dos. Y que tres, contando al segundo fotógrafo. Y que cinco, incluyéndolo a usted que trata de descifrarla conmigo. Y que miles, cuando llegado el fin del día hayan pasado por esta página curiosos iguales a nosotros. Sorprende que una fotografía “de nada” lleve a perder el tiempo y aunarnos en una intriga liviana sin ton ni son. Aunque de forma parecida nos desequilibra a diario la política sin que indaguemos el motivo y protestemos lo debido. Aquí de lo que se trata es de saber que hay detrás (si lo hay) de una imagen que carece de argumento  periodístico alguno. No es una frase ligera. La información de la agencia AP solo indica que un delegado de Burkina Faso toma una fotografía de uno de sus colegas durante las 63ª. sesión de la Asamblea de Naciones Unidas, en Nueva York. Ajá. ¿Y a nosotros qué?

A nosotros (al menos a mí, puede que también a usted) nos puede ocurrir que humanamente inquietos decidamos ponernos en Pantera Rosa a investigar al detalle para confirmar si como se aprecia (y se informa) esta foto no tiene nada de particular. Que solo se trata de un acto privado de dos señores de Burkina Faso en el recinto más público del mundo. No obstante, algo más envuelve de interés el acto pues de lo contrario no estaríamos empantanados en la encrucijada visual que plantea. Con lógicos efectos no deseados, como que a usted se le vaya enfriando el café por ver si hay gato encerrado y a mi desafinando los nervios por la incapacidad de mis neuronas de dar con “un relato” (como dice la presidenta) que ponga a la lógica en su sitio y a nosotros también. Veamos. Tomar la fotografía de un congénere es por lo general un acto cortés e inocente. Se trata de una amabilidad testimonial más de las millones que suceden en el mundo a cada instante. Gestos habituales que van a engrosar álbumes privados y archivos públicos del mundo. Aquí desconocemos a cual de ellos irá esta fotografía. Puede que a los dos. La disección visual puntualiza lo obvio: 1/de ser colegas guardan similar jerarquía. 2/ siendo así ¿por qué uno viste a la occidental y el otro no? 3/ quien fotografía pertenece también a la selección de basketball de Burquina Faso? Los datos que puedan acercarnos a una explicación se encuentran fuera de la fotografía. ¿Cherchez la femme?.

No es mala idea. El pie de la foto indica que fue tomada por una mujer: Julie Jacobson. De haber sido varón estaríamos en una Mil Palabras diferente y este testimonio habría quedado en el ámbito privado de ambos colegas. Pero una túnica de esta ampulosidad y dibujo le hace volar los pájaros de la moda a la fémina que sea. No el calzado (estas babuchas  amarillas deben andar por el 47) pero seguro que sí su vestidura amplia y larga, de color esmeralda que semeja una carpa. Un modelo que convierte en irrelevantes muñecos de azabache a los funcionarios de la delegación. Pese a esto, el delegado que posa como estatua deseó y consiguió lo captasen en tan encumbrado sitio y en un momento glorioso de su currículum internacional. A Julie Jacobson no debió haberle interesado el motivo por el cual enfocaban al personaje. Y sí, y mucho, tener también ella el retrato de un colega en acción. Uno bien distinto a los chasirettes de Occidente. Esos que dan siempre la impresión de llegar recién de un safari, colgado del hombro el bolso profesional y vistiendo la campera verde oliva de los cien bolsillos y los mil usos. No más que esto me fue posible imaginar. Aquí me quedo. Julie pulsó y logró su postal. Toca a cada uno ahora sumarle  la propia “información”. Hágalo.

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