Los cisnes nunca mueren

No sabemos cual de las 10 fue la primera en confiarle a otra de las 9 que tenía un sueño, que le daba vergüenza contarlo, “un no se qué”, pero que si le aseguraba que no habría de reírsele en la cara, se lo confiaría. Volvían de sus compras matinales en el mercado de Horni Lhota, en la República Checa y como ese 8 de agosto de 2006 hacía mucho calor y como el sueño de una amiga siempre debe ser escuchado, entraron en una cervecería y pidieron dos Pilsen. Allí fue cuando la primera (no sabemos cual) le contó a la segunda (tampoco) que se había pasado la noche entera soñando que era bailarina de ballet y que pese a que lo único cierto de esa fantasía era que mantenía la edad actual (65) lo había pasado bomba.
-Te juro que lo gocé como si tuviese 20 y fuera una estrella del ballet de Praga.
La segunda llevó la palma de su mano a la boca y con las mejillas repentinamente rosadas, exclamó. “Oh, Dios, yo soñé lo mismo la semana pasada”.
Esto es información pura. La manera como la vida suele originar sus noticias más bellas. Total que (y estos ya son datos de la agencia AFP) que las susodichas amas de casa checas tocadas por la gracia de si mismas (ya lavados los platos del domus) tomaron por su cuenta el teléfono y dedicaron su elocuencia a hacer proselitismo entre sus amigas respectivas. Por la tarde 15 de ellas suspendían su modorra cotidiana y mascullaban la loquísima idea de vestir un tutú y disolverse etéreas en los brazos de Tchaikovsky. A 7 de ellas las venció el ridículo. Se dijeron “ni loca hago eso” y se apoltronaron para no perder por TV la versión checa de “El clavel y la rosa”. Con ellas fracasó el operativo. Pero no del todo. El sábado siguiente 8 opulentos “cisnes” (de entre 57 y 72 años) se sumaban entusiastas reuniéndose y fundando entre explosivas risas la flamante compañía de danzas “Horni Lhota Majorettes”. Dos médicas, tres amas de casa, una abogada, dos diseñadoras y así, dedicaron tres noches por semana a hacerle “pito catalán” a la edad añeja y a cimbrar el esqueleto como mejor podían. Y bien que pudieron. Llevan ya dos años de feliz gira por su país con repertorio que va del romántico Peter Ilich al más picante Can Can con el que cierran sus conciertos. Aquí posan para nosotros. ¿Las aplaudimos, no?
Confieso que busqué en la foto (hasta con lupa) a la posible pionera del sueño del cisne. Fracasé. Yendo de izquierda a derecha se abre un abanico impreciso. Veamos. La número 1 (debe ser la de 72), la 2 (la más concentrada), la 3 ( debe ser la de 57), la 4 y la 9 (seguro son mellizas), la 5 (es una “cisna” grosa), la 6 (gran equilibrio, parece lista a dar un pase de gol), la 7 (está en lo que está, y es feliz), la 8 (normalita y algo distante) y la 10 (tiene claro que sus piernas son las mejor torneadas). La visión del conjunto levanta el ánimo de cualquiera y provoca el deseo de aplaudirlas aunque ellas vivan muy lejos y no puedan oírnos.
No importa. Aun le queda a este“Mil palabras” un moño de cierre. Para nuestra alegría (y cercanía) contamos en el país con una compañía de danza que supera en antigüedad y en edad al ballet de estas señoras checas. Se llama Ballet 40/90 y lo fundó Elsa Agrás en Buenos Aires en 1995. Elsa tiene 84 elásticos años. Su compañía la integran 44 bailarinas (la mayor de 78 años) y un único varón que confiesa sentirse más bailarín que el abogado que es. ¿Le dará tan buena onda para emular el salto de Nijinsky en “El Corsario”? Elsa Agrás dicta clases en el auditorio de la Iglesia Metodista del Once tres veces a la semana y los viernes su añoso Ballet actúa en el teatro Empire. Le sobran rigor y garra.“Soy medio hincha pelotas. Llego a gritarles que lo que hacen es un asco, una porquería”. Casi igual como solía estallar Sergei Diaghilev en el Kirov y en el Bolshoi. En ruso, claro.


El 8 Mar a las 5:58 pm
Buenísimo el artículo! Tengo 63 años y desde los
34 tomo clases de danza clásica. Ahora voy al estudio de OLGA FERRI. Ayer casualmente le entregué a la sobrina, que también da clases, una fotocopia del artículo. Lo van a poner en un lugar bien visible. Todo lo que escribe es siempre muy interesante, pero este artículo justo me “pegó” con todo por la edad de las bailarinas y su amor por la danza. Ahora tendré que averiguar dónde queda la Iglesia Metodista donde se dan clases aunque por el momento seguire en el Estudio de Olga Ferri. Como todavía sigo trabajando a veces me cuesta un poco ir porque estoy cansada, pero igual voy porque si no me siento mal. Después de leer su artículo ni pensar en el cansancio. Muchas gracias por ese ventarrón de vida en medio de tanto espanto y desilusión.
El 8 Mar a las 9:50 am
Me encantó!!!! Tengo 65 años y durante toda mi vida amé bailar… No pude, porque me tocó una vida de trabajo y un marido que se casó conmigo para eso. Lejos de todo (zona rural) , diversión cero, baile cero, halagos cero. Hoy quiero bailar y lo hago en la intimidad de mi casa, vivo sola. Como puedo. Con lo que me queda del castigado cuerpo, pero con una alegría desbordante. Sueño, a veces, que bailo, que me besan y abrazo mi almohada. Después salgo feliz a la calle, y espero que la vida me otorgue una 2ª oportunidad.
Y soy feliz porque sé, con seguridad que hay que CREER PARA VER, y no al revés
Un abrazo a quien me lea.