27 Oct

mil palabras

Que escape, que escape

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Es que no juega: la quiere matar. Joven, nepalí, culto, tal vez universitario, y fijensé lo que se propone. Vean lo que pasa cuando a uno “le hacen la cabeza” de chico: quiere atrapar a la cabra para matarla. Para eso la compró en el mercado. Y no para comérsela. El pánfilo cree que si la degÜella quedará bien con Durga, diosa que (supone) “trae” la felicidad. No a las cabras, claro: el día del Festival Dashain se produce un genocidio de cabras y bien pocas quedan en el país. De improviso, en un primer vistazo (a usted tal vez le pasó) la escena motiva una sonrisa de simpatía. Lo que prueba que a veces, por sí sola, una imagen lo lleva a uno a cualquier parte. Es cierto que hay fotografías que valen por mil palabras. Pero también lo es que otras pueden ser interpretadas por su mera superficie visual. Como aquí.  Pues ni soñar con nepalí simpático jugando con cabra arisca. Aquí no hay juego (a lo sumo el de la vida que se juega la cabra) ni simpatía. Si la agarra, la pobre caerá en la degollina ritual del festival Dashain un rato después. Por eso la asedia el nepalí. Y la cabra huye. El miedo está en sus ojos. Como tras la sonrisa del nepalí un propósito criminal sin culpa alguna.

Esta escena mínima (un hombre, una cabra) se enmarca en el drama colectivo que desde siempre protagoniza el mandamás de los primates (el humano) y la inmensa y variada zoología que (perdido el Paraíso) embarcó en el Arca y se crió y procreó en tierra. Siempre en condición de amo y señor. Una jerarquía que (cultísimos en el mejor sentido del término) no practican los jíbaros, quienes mantienen relaciones sociales (sic) con plantas y animales. Para ellos, un papagayo o un magnolio, una araña o una mandioca merecen trato de personas. Los jíbaros, como muchas otras etnias poco conocidas y dispersas en recónditos paisajes de la tierra, no son dualistas. En su trato con el alrededor que comparten, no se restan.  Viven sin desprenderse de lo real, sin hacer distinción entre naturaleza y cultura. Para un amazónico o un africano el poseer formato de hombre no da singularidad. El acto de salir de caza lo asumen como relación social entre ellos y los animales que traerán de regreso. Y esto no es lo que sucede con nuestra cabra fugitiva y el nepalí acosador.

En la sociedad selvática, o de la pradera, se desconce la crueldad. Cazador, antílope, lagarto, corza, circulan por una cinta cuya dirección no pueden modificar. Nosotros  (que sí) perfeccionamos la paradoja de vivir la animalidad con humor, y al hacerlo ocultamos una humanidad hipócrita. Esopo nos retrató en el espejo de sus fábulas. Fedro, La Fontaine, Samaniego, Maria Elena Walsh situaron nuestras conductas en los “dobles” zoológicos para que por efecto paradojal aprendiéramos a corregir “animaladas”. Hacerse el oso, quedarse mosca, correr la liebre, hacer la del avestruz, actuar como gusano, andar pato, cambiar como el camaleón, son tules de engaño. Vaya el mega repertorio que tendrían los animales de poder urdir fábulas basadas en nuestros vicios.

La ciencia sostiene todavía el anestésico sofisma de que somos un animal superior. Además de  “racista” la proclama es cínica. Intenta encapsularnos en el limbo de creer que somos lo mejor. Sin embargo es por nosotros que en la Tierra viene sucediendo “lo peor”. Inventor de la picana, del misil “inteligente”, productor de éxodos gigantes, el hombre no solo extermina al hombre. También ballenas, focas, perros, cerdos, chinchillas,  vacas, hipocampos, mariposas o sea lo vivo y coleando ingrese en su área de influencia. Aún con máster de la Sorbona  igual se meterá en Kenia a cazar el pajarraco que se le ocurrió. O siendo universitario nepalí, en el día de la diosa Durga, despertará, desayunará, afilará un cuchillo “de esos” y saldrá a interceptar a la cabra mártir. Nos queda la esperanza de que haya escapado. Y que el nepalí tope un día con la cita”Los animales son mis migos.Y yo no me como a mis amigos”, de Bernard Shaw. Y la entienda, claro.

26 Oct

semanas

Semana 43 de 2008

El mundo es esquizo. Va a contrapelo. Brega porque haya “muerte digna” Y promueve “vida indigna”. Fuera o aquí, lo mismo. Cada día tragamos 3.000 noticias. Cada día sufrimos 3.000 avisos. Descienden por el tubo del yo y se enquistan en el inconsciente. Apestan el imaginario. Empastan la memoria. Oxidan la ilusión. Todo lo genuino que trae un bebé acaba al fin en adulto adulterado. Sacarse el DNI ya casi está de más. Con perdón por quien posea muy sensible el ego cívico, en estas tierras lo individual está mal visto. Es cosa exótica. Mucha masa, sí. Y en engorde galopante. Aquí lo que más place es cohabitar en el mismo lodo todos manoseados. Por eso ¿a título de qué distinguir a un masivo de otro? ¿Para votar? (lo resuelve el clientelismo). ¿Para jubilarse? (de regular la Caja se ocupa el Gran Bonete). ¿Para estudiar? (¿cuándo?) ¿Para curarse? (¿dónde?) Que un argentino se convierta en individuo es una hazaña. (No en egotista: en individuo). Por eso, para sincerar el padrón poblacional bastaría con ponernos en fila y enumerarnos del 1 al 40.000.000 ¿O es que el Poder alguna vez nos identificó y trató como personas? Aquí lo autóctono es ser número. Cierto que hay (y muy ejemplares) excepciones: pero no modifican la línea argumental del sainete nacional. Hasta no hace mucho quien portaba un nombre venía con persona dentro. No fallaba. Pero desde el Fin de la Prehistoria (1990) nombre y apellido son solo tapadera de persona de fantasía. Una etiqueta. Puede verificarse. Agítese un Argentino 2008 y déselo vuelta: caerán miedo, bronca, pelotas de fútbol y de tenis, estupor, puteadas de mil colores,  toses tabáquicas y algún resto humano de cuando todavía pensaba por si. Hoy la gran mayoría apenas si responde a las tropelías que le infiere el Poder. Se limita a sufrirlas. La cacerola urbana regresó a la cocina. El oasis social del campo fue trébol de cuatro hojas. Una burbuja. No cundió ni cuajó. Sociólogo que busque y rebusque no hallará hoy articulación política alguna sosteniendo al país. Apenas muestras fósiles de partidos momificados con listas sábanas. Chillidos de oposición que no abandona el parvulario. Rugidos de oKupas con chapa, decreto y Mandamás. Y en la calle la solitaria valentía de un graffitti o algun grupo minimalista multiuso. Lo urbano no reacciona. Ni a los millones chupados a las arcas de Santa Cruz ni a los millones ingresados por maletas invisibles. La vida política real está en formol. Desde la enrejada Casamata Rosada se disparan obuses sin medir sus consecuencias.  Si no se es un lúcido intelectual de los 400 ahijados de K, cuesta entrever la República Maravilla que ellos recitan en sus cónclaves. De susto en susto nos deslizamos por tobogán al 2009. Desde que el inclasificable señor K. irrumpió como Hombre Araña blandiendo su bastón no ha dejado de aportar su esfuerzo a una mayor confusión general. Ahora se le dio por ser bonaerense y (por si als moscas) aforarse. Está inquieto y se le nota. Todo tiene explicación. El cerebro tardó 750 millones de años en hacerse. El  del kirchnerismo recién lleva un quinquenio. ¿Qué hacer para merecer no tener su gobierno?

The Primate Press: 1/¿Surrealismo? Raina, reina de Jordania, descendió a los vestuarios de Boca, saludó al plantel y posó con camiseta de Palermo (sic de platino) 2/Solá abrió rueda de prensa así: “Soy un sentimental y no dormí bien. Ténganme piedad”. 3/Y la cerró genial “¿Por qué nadie me preguntó por la pobreza, que es lo más importante?” 4/ Puristas bregan porque se saque del idioma a la letra “h” a la que llaman “difunta sinsonante” y “enterraron” tras un cortejo fúnebre (triple sic) 5/Dice la O.I.T. que la crisis de los banqueros provocará en 2009 más de 20.000.000 nuevos desempleados (glup) 6/¿Qué otra expresión que “A la Piroska” pudo escapársele a cualquiera al enterarse de que un director francés del FMI le había “comido” la ex dama a un colega argentino? 7/ Taxista porteño: ”Esta tele es un asco. Con mi mujer preferimos  el cable y ver como hacen el amor las serpientes, el lagarto y la lagarta, etc (triple glup)

”Solo conocemos de verdad lo nuevo, lo que de repente introduce en nuestra sensibilidad un cambio de tono que nos sorprende, algo que la costumbre aún no ha sustituido por su pálido facsímil” (Marcel Proust)

20 Oct

mil palabras

Oh, sí, un poco de paz

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Si algo le va a esta foto es un título de madrigal, como el que lleva. También requiere un clima y un instante. No es cuestión de llegar, parpadear y pasar a otra cosa. Aquí se trata de reposar los ojos. De quedarse. Para contemplar, no para ver. Para ingresar inocentes en la imagen mientras suena ondulante Monteverdi o alguno de esos fragmentos que trajo Bach de  su tantísimo ascender y descender del cielo en pianoforte. Y bienvenida una foto así, en medio de semanas que no sobrevuelan plácidas como pájaros sino filosas como flechas. Aunque las millones de copias del mundo que nos llegan se nos muestren en multicolor, los colores mandantes son  el blanco y el negro. Nos parecerá verde la esperanza, amarilla la envidia, la pasión roja, pero la realidad  no es fantasiosa. Más que los intermedios le van los extremos. Frío o calor. Crudo o cocido. En el fondo de la paleta de la policromía blanco y negro  son colores mandantes. Y aunque no lo parezca, también en esta estampa  plasmada por Sergei Chirikov, de la agencia EFE, en Moscú. Aquí subyace un contenido. Un cruel color de duelo. Y para poder “mirar” este dato invisible, la palabra aquí debe ir en auxilio del sentido de la imagen. Lo necesita. Estas coristas de una iglesia ortodoxa rusa entonan un salmo en la misa de recuerdo de unas niñas (de igual edad y cercana belleza) ejecutadas 90 años atrás junto a su padre, el zar Nicolás II y su entera familia.

Vivimos tiempos de muchos colores. Virtuales. A poco que ajustemos el foco, la realidad los revelará y pondrá en blanco y negro. La filosa impronta global impide abandonarnos a la placidez de conversaciones sobre el dulce misterio de la vida. Acidos asuntos nos cortan el sueño a cada rato. Del mundo y del país. Noticias sobrecogedoras y por ahora sin marco ni identidad visible de las que recién se conocerá su real sentido cuando pasen de las páginas de los diarios a las de la historia y las enciclopedias, dando nombre a la época que les tocó. También puede uno decidir alzar un iglú privado que lo cobije del alrededor imperante. No es nada saludable andar exponiendo a diario ojos y oídos a la intemperie informativa del planeta. Pone la vida de punta. En ese caso es recomendable aprender a sopesar cuánto de la especie nos toca contener y obrar en su favor, y cuánto dejar que nos resbale pues por más que le pongamos intención, la impotencia es mucha. O protegemos los hondos asuntos personales como asuntos de Estado (que por cierto lo son) o nos echamos como mártires sobre la boca del cañón que brota de la página policial, el capricho político y el boletín oficial. No existe fórmula mágica ni artificiero que desactive la bomba (en blanco y negro) que nos monta la diaria información. Hay solo la soberanía de nuestro diminuto yo de blindarse lo justo como para mantenerse atento a la brújula y a los vientos sin perder contacto con sus compañeros de viaje.

Durante dos mil años sorteamos cientos de “fines del mundo”. Y aun seguimos, pese a desastres  “humanos” que superan muchas veces a los que llegan del sistema solar. Bien visto, el universo se comporta mejor que unos señores y señoras que desde hace 30 mil años (como no lo hizo otra especie) devastaron hasta poner en coma  al más azul de sus planetas. Se vive en medio de la moda catástrofe y en la paradoja de no involucrarse a fondo en la única aventura que importa: la vida. Se prefiere el estado infantil, el lamento pusilánime, el dejarse llevar por los erráticos genes que impone la tómbola del mundo. Ese es otro modo de vivir y comportarse en el Arca. Pero no el único. Podemos apreciar  en esta fotografía 2008 la gracia de las niñas cantoras de Moscú, y,  a la par, “encarnar” la noticia 1918 que las sostiene. De hacerlo puede que ingresemos en dos imágenes y por un instante se nos aparezcan los rostros de las hijas del zar. De ser así, la fotografía sería de entonces y de  hoy. ( Y la humanidad de cada uno, también)

19 Oct

semanas

Semana 42 de 2008

Colorin colorado el timo global se ha desinflado. No era el consumo sino lo humano lo que había que alentar. Cocodrilo que se duerme es cartera.  Shylock  se durmió sobre la avaricia. La realidad le desfondó la cartera. Dolía por demás que les durara tanto mentir tanto. Pero a cada chancho le llega su San Martín. Primero cayó Wall Berlín. Ahora Wall Street. Dos Muros menos. Los Bin Laden del monetarismo huyen por las cañerías del sistema que colapsaron.     Sus  primeros yupies nacieron de la metálica boda Reagan-Thatcher  de los 80. Ya crecidos, en los 90 coparon el mundo como genuinos malditos  de Dickens. Con el Kremlin en oulet forzoso y el Dólar como Sol del Planeta los medios saludaron la resurrección del rey Midas. Literatura “ad hoc” reventó las librerías y lo profundo se hizo playo. Arribó el facilismo, lo espúreo, los libros de autoayuda, la novela light, la música basura, la absoluta genuflexión ante el grito de la moda. Mientras echaban países a Su Bolsa crípticos santones locales acudían a la tevé tan motivados como catequistas brasileños. Instaban a consumir antes que a vivir. Auguraban el arribo de la Segunda Modernidad. Augures de vuelo bajo ecualizaban un  similar registro de “racionalidad”: Cavallo, Blanca Curi, Broda, Horángel. “La même chose”. Se hizo costumbre el peregrinaje matutitno a los lobbyis hoteleros para chupar cerebro de los “triunfadores” del planeta. Hasta Francis Cóppola fue enganchado para dar una misa in progress y contar “su revelación global”. Desayuno “americano” (sic) a 300 dólares y la mar de homilías sobre “La ternura y la plusvalía”, “El marketing en la Alta Edad Media”, “Kierkegaard y la práctica metafísica en los zocos marroquíes”. Hiper megas meetings desopilantes. Con un cándido López Murphy orando por la libertad de mercado mientras sus dioses Midas imperiales inflaban a gusto la burbuja del dinero que no estaba. Era el campo orégano. Y nadie que los frenase. Hasta de Eros hicieron un broker. Propagaron “Cartera mata galán” como alternativa monetaria a la aventura romántica cabal. Y convirtieron al almanaque en mostrador de venta. Fanático, intensivo culto al gran Moloch manducador de vida, tiempo y sueños: el Consumo. De lo que sea. Acaso pueda achacárseles no haber instituído el Día de la Hermanastra, del Cuñado, del Primo Segundo, del Cartonero, del Parapléjico.  El crac no les dio tiempo. En los últimos años la fantasía se les fue de boca. Poco más y lanzaban al mercado la maquinita de acuñar dinero. “No se arredre. Piense en usted. Viva y muera rico” decían. Y: “Empiece a pagar su mansión dentro de 2 años y deje a sus bisnietos las últimas cuotas”. Pero hete aquí que va un dios pícaro, le pincha la burbuja al Imperio y el mundo da una vuelta de campana. Putin queda en foto fija fumando habanos como Gordon (Douglas) Gekko. Y Bush se sovietiza de apuro en una dacha de Texas. La historia en su chiste más glorioso. Y EE.UU. en el diván. Culo al aire con todos sus trapitos al sol. Algunos de terror. Dedica el 50% de sus impuestos federales a guerrear. Con solo el 5% de la población mundial consume el 30% de los frutos del planeta. Y por si fuera poco, produce el 30% de los desechos que lo degradan. ¿Cómo calificar la Crisis 2008? De parto mundial. De salir pato o gallareta.Tal vez zafemos. Y tal vez cartera ya no mate galán.

The Primate Press: 1/El Teatro Colón que simbolizó la gloria del Centenario podría simbolizar el fracaso del Bicentenario: se está viniendo abajo y no reaccionan.2/Sábese por capítulo grabado que Homero Simpson votará por Obama pues quiere “un presidente que se gaste mi dinero en bibliotecas” 3/Cada minuto se talan en la Amazonia 2000 árboles en un espacio que equivales a los de 7 canchas de fútbol. 4/ La policía israelí utiliza como arma el Shunk: bombita líquida de olores nauseabundos que permanecen hasta una semana impregnando al sujeto que los reciba. 5/Popes del truchaje financiero acuñaron el neologismo  “apalancamiento” 6/¿Es un acto fallido? ¿No remite a “empalamiento”, la tortura española cometida contra Caupolicán en Chile?. 7/¿De no haber fallado todo como falló era Eso lo que nos tenían preparado?

“La moral no es otra cosa que las vueltas que damos para acercarnos a la felicidad”. (Anónimo)

13 Oct

mil palabras

Los bisnietos de Gandhi

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A primera vista no se aprecia. Pero Gandhi está aquí. Clonado. Repartido en millones de chicos así. Es la foto “actual” de Gandhi. La del futuro que soñó. Octubre es el mes de su natalicio (1869) y la India lo celebra con miles de actos donde el mítico bisabuelo reencarna en los niños que siguen su enseñanzas y copian su estampa Van 60 años del balazo que lo tumbó en Nueva Delhi tras liberar a su país del dominio inglés. Más costó (todavía cuesta) desactivar la  rémora de tanto infierno instalado en suburbios de Calcuta, Bombay y aun de la Vieja Delhi. Allí donde la realidad es pesadilla y lo infrahumano se macera día y noche en almizcle, incienso y estiércol. Miles de personas que se hacinan en una misma habitación: la calle. Allí se duerme, se come, se vende, se fornica, se nace, se ruega, se pide, se muere. Todo al aire libre. A uno lo afeitan. A otro lo corren. A éste lo roban. A ese lo aplastan. Encantadores de serpientes, echadores de cartas, magos, gurúes, amaestradores de osos, santones, fakires. Un aquelarre. Los males más antiguos reptando por callejuelas sin Dios en el país con más dioses per capita del mundo.

Sobre este mapa de dolor Ghandi se lanzó a una aventura descomunal. Abogado novato decidió vivir como los campesinos (tejiendo su propia ropa, incluso) y llevarles a encarnar las ideas que pudieran salvarlos de la colonización y la ignorancia. En pocos años se lo veneró como sucesor de Ashoka, emperador que consolidó el budismo y quien (tras los horrores de una guerra que causó) utilizó su poder para que la violencia desapareciera de su reino. Y como alimentarse de carne suponía violentar a un ser vivo, impuso la costumbre de comer sólo vegetales. De este Ashoka recibió Gandhi el impulso que lo llevaría a convertirse en el padre de la India moderna y en una de las más relevantes figuras de todos los tiempos. (Es de lamentar que la banalidad de estos tiempos consagre rápidos héroes de armas llevar y desconozca la heroicidad de quien fue capaz de liberar a uno de los más grandes países de la tierra sin disparar un solo tiro en su vida)Por eso Gandhi es la única figura india que conoce hasta el último analfabeto del país. Por eso su mensaje fue de boca en boca y de aldea en aldea. Y por él, la vieja India se hizo nueva.

El espíritu de semejante maestro impregna ( y aquí lo vemos) los rostros de los seis escolares que lo homenajean en Amritsar y fueron fotografiados por Narinder  Nanu de AFP.  Al igual que Gandhi, los niños llevan grandes gafas, el pecho descubierto, bastones de caminante y (tratando de perfeccionar el símil) el agregado de un bigotito que su imaginario infantil coincidió fuese de color blanco. Se los ve imbuidos, lo que prueba con que fervor lo venera la India de hoy. Que son muchas Indias. Y muchos indios: 1.100 millones. Que tienen al hindi como idioma base y a 2000 dialectos de apoyo.  Que debió cruzar décadas de graves conflictos por la resistencia a la reforma gandhiana de millones de parias que preferían sufrir como lo habían hecho por generaciones. (”Dios me ha pensado así. Nadie puede cambiarle el argumento a Dios”. Y por otros fanáticos uno de los cuales asesinó a Gandhi en 1948. Pero ni su muerte ni la de otros líderes democráticos impidieron que en el siglo 21 la India fuera lo que es: la mayor democracia del planeta, el tercer país ferroviario, el octavo productor de acero y el mayor  realizador de películas del mundo.

Así como lo rescatan los niños de su país debería el mundo reanimar su ideario humanista. Es buena hora. Los líderes metálicos andan hoy a los bandazos ante el pánico provocado por una avaricia obscena y los excesos en gastos para refinar los artefactos de la violencia.  Bien que vendría tener hoy Gandhis clonados en fatuos gabinetes del mundo. “Cada ministro -decía- debería vivir en casa sin criados, no poseer automóvil, estar libre de todo prejuicio de casta y dedicar una hora diaria a hilar o cultivar hortalizas para aliviar el hambre nacional”. Gandhi lo decía y hacía. Estos chicos lo saben.