10 Dic
diario
La tentación de lo real
No me enfadé jamás con las manzanas
porque fueran manzanas,
ni con las hojas porque fueran hojas,
ni con la sombra porque fuera sombra,
ni con los pájaros
porque fueran pájaros.
Pero manzanas, hojas, sombras, pájaros
se enfadaron de pronto conmigo.
Heme conducido ante el tribunal de las hojas,
ante el tribunal de las sombras, de las manzanas,
de los pájaros.
Tribunales redondos, tribunales aéreos
tribunales tenues, refrescantes.
Heme condenado por el no saber,
por el tedio, por la intranquilidad,
por la inmovilidad.
Sentencias redactadas en el idioma de las pepitas.
Actas de acusación selladas
con vísceras de pájaro,
refrescantes penitencias grises decididas para mí.
Estoy de pie, con la cabeza descubierta,
trato de descifrar lo que se merece
mi ignorancia…
y no puedo, no puedo descifrar nada,
y este estado de espíritu, él mismo
se enfada conmigo
y me condena, indescifrable,
a una perpetua espera,
a una concentración de los significados en sí mismos,
hasta que adopte la forma de las manzanas, de las hojas,
de las sombras,
de los pájaros.
Nichita Stanescu
9 Dic
poemas de otros
El violador
Soy el hombre agachado detrás de un arbusto
que se sienta a su escritorio.
Jamás me prenderán.
Todas mis víctimas
tienen una manera de desaparecer.
No importa que sexo tengas,
serás el próximo.
Te sentarás junto a mí
en un concierto en el bosque.
Si te mirara en el subte,
no desviarías los ojos.
Soy pequeño, engañoso,
como este poema
que ya está dentro de ti.
Stephen Dunn (1939. EE.UU.)
9 Dic
diario | textos de otros
El pez
Hanako, una joven bella, aunque atolondrada, tenía un amante escrupuloso y pulcro que gustaba de hacer el amor con guantes. Antes de tocarla, el hombre vigilaba personalmente su baño y exigía que ella se fregara con piedra pómez de pies a cabeza, se depilara hasta el último vello y enjabonara cuanto pliegue y orificio había en su esbelto cuerpo, todo esto sin una palabra de afecto o de aprecio por sus encantos. Ahora bien, en el jardín de Hanako había un estanque donde todavía nadaba una carpa enorme y venerable. A pesar de sus cuarenta años de existencia, el viejo pez no tenia ninguna de las mañas del meticuloso enamorado de Hanako, por el contrario, era fuerte como un atleta y lleno de consideración, como deben ser los buenos amantes. No es raro, por lo mismo, que ella lo prefiriera como compañero.La joven solía sentarse a la orilla del agua y al llamarlo por su nombre él subía a la superficie a jugar con ella. Una noche, después de recibir las higiénicas caricias del hombre con guantes, salió al jardín y se echó a la orilla del estanque a llorar. Atraído por los sollozos, el gigante subió del fondo y acercándose a la mano lánguida que tocaba apenas el agua, le chupó uno a uno los dedos con sus fuertes labios. Hanako sintió que su piel se erizaba y una sensualidad desconocida la recorría entera, sacudiéndola hasta la esencia misma de su ser. Dejó caer un pie al agua y el pez besó también cada dedo con la misma dedicación, y luego la otra mano y el otro pie, y enseguida ella puso las piernas en el estanque y la carpa frotó las escamas de plata de su vientre contra la piel de la muchacha. Hanako comprendió la invitación y se dejó caer en el barro del estanque, abierta y blanca como una flor de loto, mientras el atrevido pez rondaba en torno a ella acariciándola y besándola y obligándola a abrir las piernas y entregarse a sus caricias. El pez le soplaba chorros de agua por las partes más sensibles y así, poco a poco, fue ganando terreno y conduciéndola por las rutas del placer más sublime, un placer que Hanako no había tenido jamás en brazos de hombre alguno y menos, por supuesto, del amante enguantado.Más tarde ambos reposaron flotando contentos en el barro del estanque bajo el escrutinio de las estrellas.
(Anónimo japonés del Siglo VI)
9 Dic
diario
Un océano pacífico
*/No escribo para millones. Ni para uno solo. Ni para mí. Escribo para la poesía misma.
*/El carácter escandaloso de la vida privada de los poetas es solo un proceso de purificación de la otra vida: para que allá haya pureza.
*/Ser contemporáneo es crear el propio tiempo y no reflejarlo. Ser contemporáneo es crear el propio tiempo, es decir, combatir contra sus nueva décimas partes, como se combate contra las nueve décimas partes del primer borrador.
*/No se puede hablar de lo imponderable de manera imponderable. Mi meta es confirmar, darles peso a las cosas. Y para que mi “imponderabilidad” (el alma, por ejemplo) tenga un peso, se necesita un poco del léxico y de la vida cotidiana, alguna medida de peso que ya sea conocida en el mundo y que haya sido reconocida. El alma. El mar. Si mi símil marino es equivocado, se viene abajo toda la poesía. (Son convincentes solo algunos detalles: cierta hora del mar, cierto aspecto, una costumbre. Pero con el “Te amo” no se gana en amor).
*/Para el poeta el enemigo más terrible, el más maligno ¡y el más honorable!) es lo visible. Un enemigo al que sólo puede vencer a través del conocimiento. Esclavizar lo visible para servir a lo invisible: ésa es la vida del poeta. A ti, enemigo, con todos tus tesoros, te hago esclavo. Y cuánta tensión de la vida exterior se necesita para transformar lo invisible en visible. (¡Todo el proceso artístico!) ¡Que necesario es conocer bien lo visible. Todavía más sencillamente: poeta es aquel que debe conocer todo con la máxima exactitud!
*/Mientras seas poeta, para ti no habrá muerte en los elementos, ya que todo te devuelve al elemento de los elementos: la palabra.
*/El único maestro: el propio trabajo. El único juez: el futuro.
*/Un poeta es un océano pacífico.




